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Los tres grandes de Detroit se quedan sin ayudas públicas, al menos por ahora

20/11/2008 :: 08:36 h.

El líder de la mayoría demócrata en el Senado de EE.UU., Harry Reid, ha decidido el miércoles postergar, sin fecha definida, la votación prevista para este jueves de un plan de 25.000 millones de dólares para rescatar a la industria de automoción. Los demócratas no tienen los votos suficientes para garantizar la aprobación del plan y, ante esa realidad, Reid dijo que prefiere estudiar otras opciones para ayudar a General Motors (GM), Ford y Chrysler, conocidos como los "Tres grandes de Detroit".

En principio, Reid tenía previsto realizar una especie de "voto de ensayo" para sondear el apoyo de los senadores a la aprobación de un salvavidas para la industria del motor. "Si no podemos ayudar a través de una legislación, espero que el secretario del Tesoro, (Henry Paulson), escuche muy bien y entienda que ellos son los que pueden tomar esto entre sus manos y hacer lo apropiado", comentó Reid a los periodistas.

Pero la Casa Blanca y sus aliados republicanos en el Congreso rechazan la idea demócrata de que la ayuda salga del plan de rescate financiero de 700.000 millones de dólares aprobado el mes pasado.

La portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino, ha asegurado que si el Congreso culmina su sesión legislativa postelectoral "sin resolver este asunto tan importante... entonces tendrán que asumir responsabilidad por lo que ocurra en los próximos dos meses durante sus vacaciones" de invierno.

El legislador republicano Wally Herger, uno de los detractores del plan, ha indicado que "el uso de dinero de los contribuyentes para subsidiar una industria que necesita reinventarse y modernizarse para permanecer competitiva no resolverá el problema".

La ayuda que otorgue el Congreso "simplemente postergará el inevitable día en que tengan que reconocer la realidad financiera" que afronta el sector, dijo Herger en un comunicado. "El Congreso debe resistir las presiones para ayudar a cada compañía que fracase y que venga a pedirnos rescate con dinero de los contribuyentes", subrayó Herger, pese a que él apoyó el rescate de Wall Street por temor a un colapso del sistema financiero.

"En nuestra sociedad capitalista, la libertad para el éxito está equiparada con la libertad para el fracaso", apuntó Herger, partidario de obligar a los fabricantes de automóviles a efectuar reformas "dolorosas pero necesarias".

La pugna que enfrenta a laCasa Blanca y los republicanos con los demócratas afecta a los tres principales fabricantes de automóviles de EE.UU., así como a los abastecedores, concesionarios y demás empresas que dependen del sector. Se calcula que los tres fabricantes de automóviles engloban a casi 250.000 empleados y otras 730.000 personas trabajan en empresas que dependen del sector. Esa cifra no incluye a los concesionarios estadounidenses, que emplean a cerca de un millón de personas en todo el país.

Durante una audiencia ante el Comité de Finanzas de la Cámara de Representantes, los máximos ejecutivos de los "Tres Grandes de Detroit" describieron un escenario "catastrófico" si se permite el colapso del sector. Según sus cálculos, la bancarrota de tan sólo una de esas empresas desencadenaría el despido de hasta 2,5 millones de empleados el próximo año.

Acosados por los legisladores, que no ocultaron su escepticismo durante la audiencia, los ejecutivos también defendieron las medidas que han adoptado para la viabilidad de las compañías a largo plazo. Reid aún confía en que el Congreso logrará un acuerdo sobre un plan de ayuda, quizá menos ambicioso que el que los demócratas han venido promoviendo pero que incluya una extensión de beneficios de desempleo.

¿Se merece la industria de la automoción una ayuda especial?