| Concha Rubio :: 07/05/2007 :: 10:13 h. Hasta que el abril de 2006 la Audiencia Nacional interpone la primera querella tras recibir varias denuncias y expedientes de la Agencia Tributaria (que había inspeccionado las cuentas de ambas compañías entre 1998 y 2002) había saltado alguna voz de alarma. Por un lado, la OCU tildó de nada recomendables estas inversiones, y al otro lado del Atlántico, una casa de análisis estadounidense cuyo nombre no ha trascendido se percató de que el repentino crecimiento que Escala mostraba era algo inusual. Escala vendía ella sola todo lo que las casas de subastas de sellos estadounidenses venían haciendo en un año.
Ninguno de los afectados había antes intentado vender los sellos por su cuenta, algo que hubiera puesto de relieve que los precios a los que vendían los sellos estaban completamente fuera de mercado y obedecían a un mecanismo de retroalimentación basado en una estafa piramidal, tal y como indica la querella de la Audiencia Nacional.
Las alarmas saltaron también al otro lado del Atlántico, donde la filial americana de Afinsa, Escala (de la que controlaba el 68%) vendía cerca de 100 millones de dólares en sellos de colección. Pero el hecho de que esa cifra representara por si sola el valor entero de todos los sellos de colección que venden anualmente todas las casas de por casas de subastas de Estados Unidos, dio la voz de alarma en mas de una casa de bolsa que seguía el valor.
La mayoría de los expertos a los que la casa de análisis estadounidense que sigue el valor reclamó su opinión sobre el caso no comprendieron cómo Escala podía estar consiguiendo tal volumen de sellos tan valiosos. Y llegaron a la conclusión de que los sellos que se estaban vendiendo no correspondían a los cánones conocidos como de colección y que posiblemente las tasaciones estaban infladas. No hay que olvidar que Afinsa compró en secreto el catálogo de sellos americano Brookman para controlar el precio de los sellos, y que además ejercía control de precios en otros catálogos, según puso de relieve la administración concursal.
La OCU no fue la única que compró los sellos para después intentar venderlos por el mismo precio en el mercado filatélico abierto. Una firma de análisis americana también realizó el mismo procedimiento. La historia fue similar a la que le ocurrió a la OCU, tras comprar varios contratos filatélicos se consultó el valor de los sellos a diversos expertos estadounidenses que en todos los casos indicaron lo que ahora han revelado los peritos contratados para valorar los sellos de Afinsa, que el valor verdadero de los sellos estaba entre el 5 y 20 % de lo que Afinsa había cobrado por los contratos.
Mientras, en el mercado español, pocas voces de afectados se han lanzado en contra de las cabezas que han orquestado esta presunta estafa. Las campañas de marketing y los largos presupuestos que estas dos compañías aplicaban anualmente contribuyeron hacer una imagen de marca creíble, hasta que saltó el escándalo. La intervención de la Audiencia Nacional paralizó las operativas de dos empresas que de seguir funcionando hubieran captado a más futuros afectados y hubiera sido sólo cuestión de tiempo que el escándalo saltara.
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