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| | | | | Hilando Fino La sucesión en la presidencia ofrece una nueva versión de Leche Pascual | | |
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| | | | | | | Pascual está de cambios. El grupo de alimentación tiene una nueva generación al frente que trae aires nuevos. | | |
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03/04/2006 :: 08:07 h.
La sucesión en la presidencia de Leche Pascual, que asume el hijo del fundador, Tomás Pascual Gómez-Cuétara, dará lugar a una nueva versión de la empresa láctea que diseñó a su medida el propio Tomás Pascual Sanz. De entrada, el nombramiento llega con fotografía incluida. Un aspecto nada baladí teniendo en cuenta la histórica disputa ente su padre y la prensa por el asunto fotográfico.
La instantánea retrata a padre e hijo y es un síntoma inequívoco de que algo va a cambiar en la compañía. Aunque Tomás Pascual Gómez-Cuétara lleva diez años como consejero delegado del grupo llevando el día a día de la compañía, lo cierto es que la sombra del padre era muy alargada y su hijo siempre prefirió mantenerse en un segundo plano. Cada cual tiene su estilo de hacer negocios, y esa impronta personal tiene mucho que ver con la forma en que cada uno se inició en la plano laboral. Si Tomás Pascual empezó vendiendo productos de alimentación en los trenes cuando paraban en la estación de Aranda de Duero, el periplo de su hijo ha sido muy diferente.
Es ingeniero industrial por la Universidad Politécnica de Madrid y Master of Business Admistration por el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT). Realizó sus prácticas en otras firmas como la empresa alimentaria estadounidense White Rock, y en Bank of America. A su vuelta a España se empapó de la empresa familiar tras rotar durante cinco años por las diferentes áreas de la empresa, como compras, fabricación, investigación y desarrollo, calidad y comercial.
El nuevo presidente de Pascual tiene por delante el gran reto de aumentar el tamaño de una compañía que hasta la fecha ofrece crecimientos moderados. Precisamente ese crecimiento fue uno de los motivos por los que el fundador se volcó en un férreo enfrentamiento a la multinacional francesa Danone para reclamar poder vender sus yogures bajo este nombre.
El segundo reto será romper otro tabú: la transparencia. Como empresa familiar, siempre ha pesado sobre ella la baja transparencia, al igual que sobre el resto del “club de las veinte”, que reúne anualmente a las empresas familiares más grandes de España.
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